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“El Cristo Celta” Apuntes a su lectura

“El Cristo Celta” Apuntes a su lecturaCristina Redondo Alonso · Leyendo “El Cristo Celta” he pasado muy buenos ratos, porque sé reconocer el trabajo que hay detrás de una construcción como ésta. Me ha parecido que en la novela hay muchas novelas. En general hay un exceso de información e imágenes en la misma que revelan que hay muchos contenidos potenciales apuntados detrás de cada idea. ¿Esto es bueno o es malo? Esto es sencillamente una cualidad.

El autor –José González Ortiz- imprime una velocidad vertiginosa a la narración, con transiciones igualmente ágiles que, en el caso que nos ocupa, corresponden casi siempre a las “transfiguraciones” del protagonista, a esos saltos en el tiempo que suponen también el abandono del propio cuerpo para poseer cualquier otra naturaleza, animal o humana (se nota que el autor juega mucho y se nota que lo pasa bien), o para vivir en otra época, desde la prehistoria hasta un futuro incierto en el que lo que se detecta es cierta deshumanización y pérdida radical de valores.

La mayor parte de las veces, el protagonista es un “acompañante” un facilitado de la motivación de los otros personajes. Así que se invierten las leyes de las estructuras narrativas en este caso, y los secundarios no son quienes refuerzan al principal, sino al contrario. Me di cuenta enseguida, de que el mayor encanto y la característica fundamental que iban a definir a “El Cristo Celta”, era precisamente esa velocidad, esa enunciación (titular seguido de otros titulares) esa falta de contención, la libertad, la ironía, la diversión, cierto disparate, y esa sensación de que el lector podría mutarse un poco en el protagonista: un ser precipitado, acelerado, sin tiempo, pero con todo el tiempo del mundo, que tiene que estar alerta pero sin estar asustado porque no pasa ni se pierde un rato, sabe que se encontrará después.

El libro acaba porque el autor quiere terminarlo, pero está claro que lo que refleja es solo una fotografía de una larga e infinita sucesión de hechos, situaciones y experiencias. Es un libro que me ha recordado también a algunas películas de ciencia ficción futuristas; fundamentalmente aquellas en las que se nos presenta una sociedad desmembrada, de supervivientes a un holocausto de valores, de decepciones, una sociedad fría pero con ciertos repuntes brillantes, porque en la decrepitud cualquier signo de acercamiento y de humanidad triplica sus efectos.

Sobra decir que el autor tiene unos conocimientos vastísimos sobre la Historia, y que las descripciones de ciertos momentos de la Antigüedad son apasionantes. Muchísimo trabajo detrás de la novela. Para recuperar personajes a lo largo de su recorrido. Una estructura que yo definiría como compleja, pero sí de complicada. Una novela rigurosamente contemporánea, divertida en ocasiones, vertiginosa siempre, próxima a algunos abismos y que mantiene en el lector el deseo constante de encontrar un asidero en el que sentirse a salvo. Ha sido un placer haberla leído.