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Emoción, amistad y sentimiento acompañaron a José Amarillo Calle en la presentación de ‘Sonetos de ofrenda y devoción’

imageRedacción · Todo un baño de emoción fue para José Amarillo Calle el bautismo de fuego que, como autor, supuso el acto de presentación de su primer libro. Rodeado de gente que le aprecia, este sonetista autodidacta natural de El Hoyo de Mestanza y con profunda huella en Valdepeñas y Puertollano, alumbraba en la Casa de Cultura de esta última ciudad su ‘Sonetos de ofrenda y devoción’.

Antes y después del acto propiamente dicho, este hombre de 66 años, apenas si pudo dejar de dedicar ejemplares. Los presentes no dudaron ni un momento en llevarse a casa, personalizado por su letra manuscrita, este recopilatorio de sonetos que ha ido cultivando Amarillo Calle durante una larga treintena de años. Composiciones que fueron apreciados en su día por otros amantes de la poesía y que, al fin, quedan plasmados formalmente en negro sobre blanco gracias a las facilidades que le ha servido Ediciones C&G.

Sentado en compañía del editor Julio Criado, la concejala de Cultura puertollanera Ana Muñoz y de uno de sus tantos buenos amigos, el sacerdote Mariano Mondéjar, autor de la introducción del libro, la hora larga que se prolongó el acto apenas si parecieron pocos minutos. Porque el entusiasmo y explicaciones nacidos del corazón que trasladó el protagonista del acto, en gran complicidad con el público presente, hicieron de la convocatoria un amistoso encuentro en el que la inventiva literaria salía, una vez más, triunfante.

Mondéjar, a quien conoció ejerciendo el uno ya en el hospital de Puertollano y el otro mientras era en él capellán, reconoció la trascendencia que tiene para alguien que apenas pudo crecer rodeado de libros la creación poética propia y, lo que es más complicado, el soneto. Porque estas estrofas son capaces de ofrecer en catorce versos, distribuidos en dos cuartetos y en dos tercetos de endecasílabos con rima consonante, todo “un pensamiento escalonado, al final de los cuales se produce la explosión” que supone la conclusión de lo antes referido.

Algo que, como modestamente quiso aclarar José Amarillo Calle, en su caso no ha sido algo especialmente sesudo. “Mi verso es sencillo, directo y me decían que la poesía había que trabajarla, pero yo la hago como la siento, la expongo de una manera directa”. Hasta el punto de que la metáfora no es una figura especialmente necesaria en su forma de componer y no se echa de menos.

imageQuien hasta ahora había tenido la oportunidad de ver publicados dos sonetos, en las páginas del provincial ‘Lanza’ y algo también en la entrañable ‘Alforja literaria’ de Puertollano, agradecía las facilidades que hoy en día y a pesar de los tiempos que corren, ha encontrado por parte de Ediciones C&G.

Fue en Valdepeñas, en cuyo hospital trabajó antes que en el ‘Santa Bárbara’, donde “no sé porqué, apareció esa necesidad de derramarme por la poesía”. De niño José Amarillo Calle sólo tuvo oportunidad de conocer ‘El Quijote’, por ser el único libro de que disponía la escuela de su pequeño pueblo. Sería gracias a la ‘Enciclopedia Álvarez’ cuando realmente entró en contacto con la poesía, a través de los ripios de composiciones de autores destacados de la literatura española que, a modo de muestrario o pincelada, incluía en sus páginas esta publicación a la que tanto cariño guardan quienes en sus tiempos de aprendizaje la tuvieron en sus manos.

Y fue al enclavarse en la ciudad del vino, lejos de su querido Hoyo al que sigue muy vinculado desde el corazón, cuando “por soledad, a veces por necesidad o incluso por el propio destino”, cuando empezó a hacer sus pinitos, curiosamente tras descubrir una imagen de Cristo mientras callejeaba Valdepeñas.

El tema religioso, por convicciones de fe, está muy presente en este primer libro de sonetos, tal y como ya se anuncia en el título. Capaz de componer de un día para otro el soneto que alumbró la coronación de la patrona puertollanera, la Virgen de Gracia, también a este hoyero le inspira la amistad, tal y como reflejó la emoción que le causó el recordar a dos personas a las que expresamente ha dedicado sendos sonetos. Y, como antes había explicado Mondéjar, Amarillo Calle es un poeta que también “ha bebido del paisaje de su pueblo”, algo que como sonetista lo revista de “paisajista y personalista”.

Y con una declamación de algunas composiciones de este libro y de los otros cuatro que ya tiene terminados, a la espera de otra oportunidad editorial, concluyó un acto en el que también intervino una mujer que leyó uno de esos poemas tan especiales que recoge este ‘Sonetos de ofrenda y devoción’.