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Toreo, cante y poesía unidos en Manzanares, en homenaje a Ignacio Sánchez Mejías

Toreo, cante y poesía unidos en Manzanares, en homenaje a Ignacio Sánchez MejíasRoberto García-Minguillán de Gregorio  · El pasado sábado 11 de agosto, hace ya 78 años, el diestro Ignacio Sánchez Mejías dejó su vida en el ruedo de la coqueta y preciosa plaza de toros de manzanares, su muerte dejó un vacío inmenso, e incluso de su fatídica muerte, brotaron obras de arte, como el famoso ."Llanto a Ignacio Sánchez Mejías", que el mismo día de su muerte escribiera el poeta Federico García Lorca.

Por ello, el ayuntamiento de Manzanares y las peñas taurinas de la localidad, decidieron crear el I festival taurino-Flamenco, con el deseo de homenajear al diestro, una buena iniciativa, que aunque no contó con mucho público, un cuarto de aforo cubierto, los que asistieron pudieron disfrutar de un evento único e inigualable, con el aliciente del buen toreo a caballo de Miguel Ángel Martín, a la postre triunfador del festejo al cortar dos orejas del novillo que abría plaza, mientras que Luis Miguel Vázquez con un astado parado y rajado, dejo destellos de la clase y toreo de sentimiento que atesora, y Carlos Aranda que dejó los momentos más artísticos de la noche, también cortó un apéndice.

Pero no sólo hubo toreo, sino que las embestidas de los erales de los Millares y el arte que desprendieron los espadas con capote y muleta, y en el caso de Miguel Ángel Martín, el bello arte del toreo a caballo, fue acompañado de las prodigiosas voces de Ángel Portillo, Mari Ángeles de Almedina y Roque Barato, mientras que a la guitarra acompañaron Quintana de Valdepeñas y Luis Fernández. A la percusión estuvo Antonio “El Jaro”.

Previo a dar comienzo el festejo, y en el mismo sitio donde el toro Granadino, número 16, prendió con sus astifinas astas a Ignacio Sánchez Mejías, tuvo lugar un hermoso recital de poesía, y ofrenda floral al cielo, ese cielo que seguro es escenario de tardes de gloria, de la mano de la ilustre figura de Ignacio Sánchez Mejías.

Su memoria perdurará para siempre a través de estos versos, que les invito a recetar en la soledad más intima. ¡Va por tí, maestro de maestros!

LA COGIDA Y LA MUERTE

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.

Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.

Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.

Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.

Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.

Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.

Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.

En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.

¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.

Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,

cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,

la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

A las cinco en punto de la tarde.

Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.

Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.

El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.

El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.

A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.

Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.

Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,

y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

Toreo, cante y poesía unidos en Manzanares, en homenaje a Ignacio Sánchez Mejías